Milei y Los Príncipes Contemporáneos

Adriferreiro
16 min readFeb 28, 2024

¿Qué cualidades necesita un líder para gobernar? El relato, Maquiavelo y Poder Narcisista.

Ilustración compartida por Javier Milei en Instagram, 7 de diciembre de 2023

“El mundo corre más peligro por los que toleran o fomentan el mal que por los que realmente lo cometen”. Albert Einstein.

Este artículo no es una crítica a los políticos. Tampoco es un juicio a Milei, ni una demonización de los líderes modernos. Es una reflexión sobre el poder que ejerce un líder en su comunidad. El poder político en la práctica, el poder con autoridad: el poder real. El poder del líder contemporáneo y nuestra necesidad –compulsiva– de legitimarlo: adorarlo u odiarlo. ¿Qué cualidades precisa un líder poderoso? ¿Y qué atributos -en contrapartida- tiene su pueblo? Propongo 3 dimensiones esenciales al poder político: el relato, la estrategia y la (meta) psicología. Estoy convencida que si un líder es eficaz en estos 3 niveles, su poder es ilimitado. Así de “reales” son los Príncipes Contemporáneos.

Por supuesto me preocupan los rasgos abusivos de los líderes que nos gobiernan. Pero más me indigna la desidia colectiva que nos sumerge en el delirio del “héroe salvador”. En pandemia, vivimos el peligro de creer un relato, someternos al decreto, y caer en la fantasía manipuladora de los líderes modernos. En Argentina, sufrimos un encierro de 8 meses, donde muchos fueron obligados a morir en soledad –por ley– mientras nuestro presidente organizaba fiestas clandestinas en su casa de gobierno. La cuarentena fue un ejemplo del abuso de “la autoridad” y la vulnerabilidad del “inconsciente colectivo”. ¿Cómo es posible que nos dejemos manipular? ¿Por qué nos gobiernan dictadores y líderes corruptos? ¿Cuál es la conexión entre el pueblo y el sujeto que los lidera?

Los Príncipes contemporáneos son los políticos activos en el poder. Los que elegimos en democracias y, también, los que se imponen en dictaduras. Son príncipes por su cualidad, no por su linage. Virtudes que “mutan” con los usos y costumbres de un pueblo. Hoy en Argentina surgió –repentinamente– un nuevo Príncipe: un príncipe moderno. Milei ya ejerce el poder. Quiero entender cómo lo consiguió; siendo un jugador con menos experiencia y estructura política. A lo largo del texto, sugiero las tres habilidades clave del poder político: 1) la capacidad de comunicación persuasiva, 2) la habilidad para gobernar mediante una estrategia política efectiva, y 3) el control psicológico para influir en la comunidad.

En la primera parte de esta nota, expongo la efectividad del relato de Milei (evitando caer en una discusión tribalista entre libertarios y populistas). La segunda parte es una reflexión sobre las acciones que conducen al poder, más allá de las intenciones de los políticos (buenas o malas). Maquiavelo, el famoso estratega político, describe “El arte de conquistar el poder”. Su teoría explica tanto las acciones efectivas como las inmorales que se aprovechan de la “vulnerabilidad” de un pueblo. Vulnerabilidad que también estudia la psicología, en los arquetipos psicológicos y los mecanismos “tóxicos” del comportamiento humano con el poder.

El enfoque psicológico es el cierre de esta nota, con el trabajo del controvertido y fascinante Prof. Sam Vaknin y sus teorías sobre meta-psicología (visión freudiana). Vaknin me inspiró a pensar en las 3 dimensiones del poder político; la que se ve (la narrativa), la que se esconde (la estrategia), y la que nos hipnotiza (la meta-psicológica).

En las tres partes de esta nota, el poder del relato, el poder político y el poder narcisista, expongo los requisitos que cualifican a un líder político: su protagonismo, su dominio y su grandiosidad: para persuadir, gobernar y (potencialmente) manipular a su pueblo.

EL PODER DEL RELATO

En Argentina, desde hace un par de meses, gobierna un líder distinto. Milei ganó las elecciones casi en solitario, sin experiencia ni respaldo político. El relato del líder libertario convenció a los votantes derrotando al relato populista. ¿Qué cualidades tuvo Milei en su relato diferentes a sus adversarios? Para mí está claro: el relato persuasivo le ganó al relato coercitivo del gobierno anterior. Milei fue un heavy user de redes sociales mientras mientras los demás pagaban consultores “mass media” (vieja escuela). En la batalla del relato, el político influencer le ganó al político en extinción. “No la ven,” es uno de los dichos de Milei (es un talentoso y auténtico copywriter).

La semiótica estudia el intercambio entre un sujeto y su contexto; hay personas que modifican su entorno, otras que son modificadas por él. La clave está en el relato. ¿Cómo se comunica un líder para lograr el consenso y modificar su entorno? Necesita convencer a una comunidad (audiencia) que valide su mensaje. A esto se le llama semiosis: cuando el relato alcanza el consenso, entonces los signos cobran nuevo significado. Así es, en la teoría.

En la práctica, esto se traduce en la re-significación de un concepto, palabra o ideología. Por ejemplo, Milei logró re-significar conceptos como “estado”, “liberalismo”, “propiedad privada” y “asistencia social”. También hizo popular términos como la “casta política”. ¿Cómo lo hizo? No hubo estrategia: construyó su relato con conocimiento y formación. Milei no fue un producto inventado por un asesor. Su carrera a la presidencia empezó con una batalla cultural, mucho antes de postularse al congreso: haciendo vivos de Instagram, posts diarios en twitter, y más tarde organizando master class gratuitas. En el relato, Milei fue Milei.

Massa (su adversario en el balottage), no fue Massa. Fue una marca personal coacheado por consultores, su imagen era más bien un avatar (o una marioneta). Con apariencia de político experimentado, padre de familia, voz pausada y tono de orador impostado; fue avatar 2D. Massa no era Massa; su relato tampoco era de él. Repetía una fórmula populista que ya había perdido significado. Massa fue un producto, como la productificación de “el Pueblo”, “la patria”, la “pobreza” (un commodity). Un producto pero del siglo pasado.

El avatar de Milei, en cambio, es 2.0, alta definición: más real. Un avatar que ningún consultor pudo –hasta ahora– alterar, “bugear”. Milei ya era un influencer antes de ser presidente. Un avatar con cualidades controvertidas, diferentes al político tradicional. Milei tenía poder antes de llegar al poder. Un poder de comunicación diferente al relato del político del siglo XX. Un estilo del relato persuasivo, no coercitivo pero un poder de efectividad sorprendente. El poder de un relato que se viralizó en pocos meses y dió vuelta el resultado de las elecciones.

MAQUIAVELO, EL PODER POLÍTICO

La situación exige un esfuerzo valiente, un cambio radical de toda nuestra actitud, de toda la concepción política. De lo contrario, la civilización humana estará condenada. La guerra está ganada, la paz no. La gente actúa ferozmente sin resistencia y se alinea con las fuerzas del mal. ¿Hasta cuándo debemos tolerar a los políticos hambrientos de poder o que intentan obtener ventajas políticas de esa manera?

[Albert Einstein, texto original de Albert Einstein, reproducido en la serie “Eisntein y la bomba”, Netflix.]

¿Estamos –realmente– condenados? ¿Son los políticos personas hambrientas de poder? Es muy probable… ¿Son los líderes políticos maquiavélicos, es decir crueles y tiranos? Las ideologías basadas en la victimización no han contribuido a nuestra evolución. El problema es sistémico.

En 1513, Maquiavelo publicó la más famosa descripción sobre “como debe ser un líder político” para gobernar con efectividad. En su obra “El Príncipe”, Maquiavelo muestra al gobernante, “el arte de conquistar el poder”, una teoría de cómo obtener el poder, defenderlo, y mantenerlo. Es un asesoramiento a todo líder político–“para conservar su vida y su estado. Si lo consigue, todos los medios empleados serán juzgados honorables y alabados por todo el mundo; el vulgo es seducido por la apariencia y por los acontecimientos.” (…) “Todos los medios son buenos si el fin es bueno. Lo importante son los resultados, cualquiera sean las armas.” (Extracto del Prólogo, Harvey C. Mansfield, Second Edition, 1985–1998 — The Prince, Niccolo Maquiavelli, 1469–1527).

Una lectura superficial de este extracto –y de toda su obra– condena al líder político a la tiranía. Pero, leyendo entrelíneas, Maquiavelo no define al Príncipe, sino al comportamiento de su pueblo. Maquiavelo describe las cualidades del líder en función del juicio y reacción de los ciudadanos: “el vulgo (es decir, la plebe, el pueblo, la gente), es seducido por la apariencia y por los acontecimientos”. De la misma manera, volviendo al párrafo de Einstein, y si leemos entre líneas… “la gente actúa ferozmente sin resistencia y se alinea con las fuerzas del mal.” ¿Son, entonces, los políticos, responsables de los males de sus pueblos? Yo creo que no, al menos no enteramente.

Para los estudiosos de Maquiavelo su infamia es injusta. Maquiavelo no era un tirano. El príncipe es el consejo a Lorenzo de Médici (gobernante en Florencia) para reformar su política y unificar Italia. Propone 26 capítulos con “máximas” para “crear orden”. Es el consejo a cualquier líder activo, en una monarquía o república. Príncipe es sinónimo de “poder político” y de “Estado”. Maquiavelo no era un apologista de la tiranía, según sus defensores, como Nietzsche, describe la acción política basada en “lo que se hace” en lugar de “lo que se debe hacer”. Precursor de la ciencia política moderna, Maquiavelo no era maquiavélico; maquiavélico es el poder.

“Maquiavelo carga con la responsabilidad, ante la historia, de haber reconocido, proclamado y explicado la inmoralidad como norma imperante en la política.(…) Las máximas que prescribe Maquiavelo para alcanzar el éxito político siguen estando tan vigentes en nuestros días como en sus tiempos de corrupción en Florencia. El estado, que debería ser la persona moral destinada a realizar el bien común en la sociedad, sencillamente, no lo puede realizar, y para alcanzar determinados logros parciales, se ve obligado a cometer diversas inequidades (maldades).”

[Prólogo, edición en Español.]

Maquiavelo deja al Príncipe (al estado) exento de toda norma que él mismo ha creado, y de toda moralidad. Esto me recuerda al ex-presidente argentino, Alberto Fernández, festejando el cumpleaños de su esposa Fabiola, en su famosa fiesta privada y clandestina, mientras condenaba al “pueblo argentino” a la cuarentena más severa y cruel de la pandemia. Recordar sus sermones resulta indignante. Fernández aplicó una máxima de Maquiavelo “como los pueblos son inconstantes y volubles, hay que saber utilizar la fuerza para convencerlos”, pero desconoció otra: “Debe pues, aquel que llega a príncipe por el favor popular conservarlo amigo, lo cual le es fácil, pues el pueblo pide de él, no ser oprimido.” ¿Fácil…? ¡Qué pena que no leyera a Maquiavelo, el Principe Alberto!

Hay dos cualidades principales que Maquiavelo subraya en un príncipe: “mantener las apariencias” y “inspirar temor”. “Un príncipe ejemplar reunirá dos cualidades: la apariencia (…): aparentando ser bueno pero siendo astuto, hipócrita, traidor, engañoso y práctico (…) y producir temor”. “Existen dos tipos de crueldades, las bien practicadas y las mal practicadas. (…) las buenas crueldades son aquellas que emplea el príncipe al comienzo de su ejercicio y que es necesaria para consolidar su gobierno. Estas crueldades deben realizarse con prontitud y celeridad, sin postergarlas pues de su eficacia dependerá de la rapidez para eliminar enemigos”. La segunda cualidad, me lleva directamente a Milei: “producir temor” en la casta política fue una máxima en su campaña; su lema La Casta tiene miedo se hizo viral. El temor de la oposición se evidenció en sus últimos y desesperados intentos de captar votos.

El nuevo príncipe no vaciló en aplicar la “crueldad bien practicada” en su dos primeros meses de gobierno. Sin piedad, ejecutó “simbólicamente” y públicamente a muchos funcionarios del estado: eliminación de ministerios y decenas de instituciones publicas. Lo que prometió en su campaña (ver video) “inspirando temor”, lo cumplió más tarde y sin culpa. Milei es el perfecto ejemplo del nuevo príncipe, el preferido de Maquiavelo, el que no tiene herencia, el que no le debe nada a nadie. Sus oponentes cuestionaban su gobernabilidad, sin embargo, sus estrategias son efectivas y su popularidad crece. Si parece haber leído a Maquiavelo, el príncipe Javier.

Pero insisto, sus máximas solo ofrecen una visión superficial. Maquiavelo retrata al líder según la naturaleza humana: la considera ingrata, inconstante, cobarde… llegando al extremo de priorizar al príncipe “temido” sobre el “amado”. Maquiavelo era un estratega, un observador. Pero es más fácil condenar a Maquiavelo, que reflexionar sobre la condición humana. ¿Cómo es posible que su estrategia siga vigente? Si como sociedad fuéramos dignos y nobles, ¿por qué nos siguen gobernando líderes maquiavélicos cinco siglos después? ¿No será que estamos seducidos por la apariencia y los acontecimientos, siendo volubles, ingratos y cobardes? Sin dudas, en una sociedad saludable, las estrategias políticas de Maquiavelo no serían efectivas.

EL PODER NARCISISTA

“Fue precisamente aquella noche en Lodi cuando llegué a creer en mí mismo como una persona fuera de lo común y me consumió la ambición de hacer las grandes cosas que hasta entonces no habían sido más que una fantasía”. [Napoleón Bonaparte, “Pensamientos”]

La grandiosidad del líder narcisista o psicopático refleja la arrogancia oculta de la sociedad que lo legitima. No somos víctimas, ni ellos victimarios. El líder es un espejo de las fantasías del “inconsciente colectivo” (término acuñado por Carl Jung). Esto es clave para entender el vínculo entre un pueblo, su líder y el poder narcisista. En las próximas líneas, expongo las revolucionarias ideas que recogí de la lectura y los videos del Prof. Sam Vaknin. Descubrir a Vaknin fue una epifanía. Lo que empezó como una búsqueda de sentido personal, me llevó a indagar sobre los vínculos tóxicos en lo colectivo: entre un líder y su pueblo. No pretendo ni corresponde “señalar” a los líderes como narcisistas, sino resaltar los “rasgos narcisistas” que necesita “el poder” para gobernar con eficacia en la sociedades contemporáneas.

Sam Vaknin es un polémico profesor israelí de psicología –y científico– diagnosticado dos veces con NPD (Trastorno de la Personalidad Narcisista). Es autor del libro “Malignant Self-Love: Narcissism Revisited”. Fue pionero en escribir sobre Narcisismo, y su investigación contempla unos 2000 casos de narcisistas con diagnóstico confirmado. Vaknin no considera la psicología como una ciencia, sino como literatura. No por su metodología, sino por su “materia prima”: los seres humanos. La condición humana es inestable y variable. Sin embargo, sus escritos y videos son una fuente inagotable de referencias en la historia de la psicología. Vaknin dedica además, algunos capítulos de su libro al narcisismo y su relación con la autoridad:

El líder narcisista o psicópata es la culminación y la cosificación de esta época, cultura y civilización. Es probable que alcance la prominencia en las sociedades narcisistas. Las patologías mentales del líder resuenan con las anomias de su sociedad y cultura (“resonancia psicopatológica”). El líder y los liderados forman un bucle de retroalimentación que se refuerza a sí mismo, una díada de adoración reflejada y amor autorreflejado.
Al elevar e idealizar a su “Führer”, la multitud en realidad se eleva e idealiza a sí misma y a la oclocracia del líder: en el ascenso del “Duce” encuentran esperanza, en su enfermedad manifiesta, consuelo curativo y una legitimación de su propia locura colectiva. El propio dictador equipara ser elegido con ser escogido por las fuerzas trascendentales de la providencia, los dioses y la historia. El suyo es un destino manifiesto, su excepcionalismo, el de la nación.

Sam Vaknin, Narcisistas en posición de autoridad, Malignant Self love: Narcisissm Revisited.

El líder político narcisista canaliza su fantasía de “grandiosidad” a través del relato y acciones que expone a la realidad. El político trae a la conciencia lo que la sociedad oculta en su “inconsciente”. En un video complejo sobre el inconsciente, Vaknin explica que la mente está dividida en dos sistemas que colaboran entre sí: el cognitivo (comúnmente conocido como el inconsciente) y el consciente. “Esta es la colaboración de 2 sistemas, cognitivo y conciencia, y el puente entre ellos es el lenguaje. (…) Para que el contenido mental sea reprimido, solo necesita ser desconectado del lenguaje. (…) Para ser inaccesible a la conciencia, debe estar muteado, silenciado. La represión está íntimamente conectada con impulsos y deseos socialmente inaceptables; el lenguaje es la “policía del pensamiento”. El lenguaje se utiliza (en la teoría de Freud) para “patrullar” el espacio interno, no permitiendo que estos pensamientos lleguen a la pre-conciencia. Si estos impulsos y deseos llegaran a la conciencia, experimentaremos desagrado y pánico. Todo se basa en un principio del placer. Vídeo de Sam Vaknin en Youtube, “Tu inconsciente, fantasías, no narcisistas”.

Según Freud, las personas sanas reprimen sus deseos primarios, bloqueando su acceso al lenguaje, y evitando que se manifiesten en la realidad. El narcisista, en cambio, libera su inconsciente a la realidad, al ponerlo en palabras. La personalidad narcisista tiene invertidos estos dos sistemas mentales: exterioriza el inconsciente y reprime el consciente. Su relato es la expresión de sus fantasías que resuenan con los deseos reprimidos (inconscientes) de su comunidad. El líder narcisista “dice y hace” lo que la mayoría desea hacer pero no puede (al estar reprimido).

Este es precisamente el origen de la fascinación por Adolf Hitler, diagnosticado por Erich Fromm -junto con Stalin- como un narcisista maligno. Era un ser humano invertido. Su inconsciente era su consciente. Representaba con orgullo y seguridad las pulsiones, fantasías y deseos más reprimidos. Hitler nos proporcionó una visión de los horrores que se esconden bajo la chapa, de los bárbaros a nuestras puertas personales y de cómo eran las cosas antes de que inventáramos la civilización. Hitler nos metió a todos en un túnel del tiempo y nadie salió ileso. No era el diablo. Era uno de nosotros. Era lo que Arendt llamó acertadamente la banalidad del mal: un perdedor ordinario; un fracaso consumado; una figura mentalmente perturbada; y un miembro de una nación mentalmente perturbada y fracasada, que vivió tiempos perturbados y fracasados. Era el espejo perfecto, una canalización, una voz y la profundidad misma de nuestras almas.

Sam Vaknin, Narcisistas en posición de autoridad, Malignant Self love: Narcisissm Revisited.

El narcisista es esclavo de su propia fantasía. Según explican las lecturas de Vaknin, carece de ego y “opera” en la realidad únicamente a través de su fantasía. Para ello, requiere de una audiencia (el pueblo), que participa (y es cómplice) en esa “fantasía compartida”. El pueblo “vive” su realidad dentro de la fantasía del líder. En otras palabras, cuando un político narcisista nos gobierna, nuestra mente está “comandada” por él. Inmersos en su locura, nos dividimos en seguidores y detractores, alejándonos de familiares y amigos. La sociedad queda fracturada por la fantasía del líder narcisista. La teoría de la “fantasía compartida”, creada por Sander en 1989 y aplicada al narcisismo por Vaknin, explica la presencia tóxica de los líderes políticos en la vida cotidiana de las sociedades modernas. El “avatar” del líder penetra en el inconsciente de la mayoría y domina sus mentes. ¿Suena a locura? Lo es.

¿Cómo lo logra? El líder narcisista puede discernir los deseos ocultos del inconsciente del otro, gracias a una habilidad esencial: posee empatía cognitiva (distingue los sentimientos del otro), pero carece de empatía emocional (no siente “nada” por el otro). Esto le concede una clara ventaja para manipular el inconsciente de un grupo. Creando un avatar con cualidades extraordinarias, el líder seduce y deslumbra a aquellos que comparten esos mismos deseos y ansias de grandiosidad. En resumen, el narcisista nos conquista a través de nuestro propio narcisismo. El líder refleja los impulsos ocultos que la mayoría reprime, en una “resonancia psicopática”. La sociedad vive su propio narcisismo a través del líder que refleja impulsos reprimidos, desencadenando una experiencia catártica que se propaga como un virus.

El biólogo Richard Dawkins abordó este fenómeno en 1976 al introducir el término “meme” en su obra “El gen egoísta”. Inspirado en el concepto de gen, gene en inglés, Dawkins definió al “meme” como una unidad de imitación que se propaga como un virus en nuestra mente, replicando ideas, pensamientos o ideologías. De esta manera, en una conexión hipnótica, el líder –como un artista en un concierto– dirige miles de mentes que reproducen su “melodía” en una fantasía compartida a gran escala. Todos somos capaces de reproducir sonidos (como autómatas) en un estadio, pero ¿somos capaces de replicar conductas malignas? ¿Estamos dispuestos, como afirmó Einstein, a alinearnos con las fuerzas del mal?

El psicologo Stanlley Milgram se hizo esta misma pregunta en 1961, y llevó a cabo un experimento (en 1961) tras la condena a muerte de Adolf Eichmann por crímenes durante el régimen nazi. Milgram planteaba si –tanto Eichmann como sus cómplices– estaban “simplemente” obedeciendo órdenes, y si podrían ser considerados (todos) cómplices. El resultado sería publicado en 1974 en su artículo Los peligros de la obediencia:

(…) Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio. Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)

Los participantes fueron instruidos a administrar descargas eléctricas a una persona (un actor), creyendo que podían llegar hasta 300 voltios (suficientes para causar heridas graves o, incluso, la muerte), cuando en realidad solo llegaban a descargar 45 voltios. Si bien podían resistirse y detenerse, el 65% obedeció a la autoridad, completando la prueba. Este resultado no era esperado por Milgram, creyendo que solo algunos sádicos llegarían tan lejos. Milgram formuló dos teorías a partir de este experimento: la teoría del conformismo (la persona sin habilidad y conocimiento transfiere sus decisiones a su jerarquía) y la teoría de la cosificación (la obediencia supone que la persona se considera un instrumento, no responsable de sus actos).

Desafortunadamente, los hallazgos y análisis psicológicos no parecen ser optimistas para las sociedades modernas. ¿Estamos destinados al fracaso como sociedad? ¿No sería más sensato abandonar la hipocresía de autodenominarnos “dignos” y “altruistas”, y reconocer que la mayoría de nosotros cargamos con “síndromes post traumáticos” que nos llevan a una sociedad enfermiza, dirigida por líderes políticos igualmente enfermos?“Si el nivel de frustración es suficientemente alto, –provocado por fallos recurrentes, endémicos y sistémicos en todas las esferas de la política– incluso la democracia más resistente desarrolla una predilección por los “hombres fuertes”, líderes cuya confianza en sí mismos, sangre fría y aparente omnisciencia casi “garantizan” un cambio de rumbo a mejor.” Sam Vaknin, Malignant Self love.

¿Son estos “hombres fuertes” los nuevos Príncipes Modernos? El fallo del sistema estatal está al descubierto y el nivel de frustración social es enorme. La esperanza de un cambio parece recaer en manos de “hombres fuertes”. En Argentina, a pesar de la oposición del Parlamento, Milei se ve más fuerte que nunca, y su popularidad crece en las encuestas. ¿Otra vez el rescate del héroe salvador? ¿Otra vez un mesías? Hombres que creen en sí mismos, en su relato, en su estrategia, en su influencia. ¿Hombres con poder ilimitado? ¿O será que esta vez la filosofía libertaria y el estado descentralizado podrán impedir líderes sin control?

Mientras la sociedad sea un “vulgo victimizado” (confirmismo y cosificación de Milgram) seremos conquistados la fantasía del héroe salvador. Milei tiene razón, los políticos son una casta, pero el fallo es sistémico, es de todos. Los líderes narcisistas son funcionales en las sociedades narcisistas, con pueblo co-dependientes. Quizás, si abandonamos la conducta de una “plebe” irresponsable, tal vez dejaremos de ser gobernados por los príncipes modernos. Yo no me quiero enamorar de ningún príncipe contemporáneo.

Our civilization is personality disorder

is apocalyptic is narcissistic and borderline atomization, Solipsism. Technology caters to atomization solipsism, grandiosity, and rejection of the other; it is a narcissistic environment. And the masses, the narcissistic masses, feel they are being held hostage and slaved by narcissistic and psychotic elites. Elite is the new curse. The masses regardes this elites and the values of this elites as avowed enemies, and the enemies of your enemies are your friends. So the friends of masses are terrorists, putin, china, authoritarian populism. Because they hate the elites. The masses abuse democracy, and empowering technologies in order to destroy the established order, and this is the apocalyptic phase of narsisism (this is Jose Ortega y Gasset, famous book: Revolt of the Masses, 1933). And this always results in mob rule, oclocracy, and in atrocities, and we are very neerly there.

Para una reflexión final de Sam Vaknin, mira este reciente video sobre las masas y el apocalipsis. (min 17:14").

[Sam Vaknin, Apocalypting Narcissist, Borderline. https://youtu.be/9nTta3bSavU?si=Wt-jBStPaw5--6EG (min 17:14")]

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Adriferreiro

Editor exploring dynamics of power, mental health and AI in human behavior. Language can heal us or lead us to the depths of hell.